«Podemos tener democracia en este país o riquezas concentradas en pocas manos,
pero no ambas cosas a la vez.»
La estructura socio-económica sobre la cual está asentada este mundo capitalista de inicios del siglo XXI, está signada y acechada constantemente por contradicciones internas, insalvables en sí mismas. Ello, en el contexto de la evolución histórica del “capitalismo avanzado”, no es un fenómeno para nada nuevo; pues las profundas incoherencias de esta propuesta ideológica se comenzaron a ver poco después de su nacimiento como pensamiento organizado, y ya para los primeros años del siglo pasado, se patentizó su definitiva insostenibilidad. En las dos últimas décadas, no obstante, a pesar de los múltiples fracasos históricos de este sistema político-económico institucionalizado; se nos intenta cada día más hacer ver que no hay otra vía, otra solución posible, que la historia ha demostrado estar predestinada al triunfo del modelo acuerpado por los mismos voceros de este mensaje.
En lo personal, resalto como algunas ideas valiosas de la segunda parte del filme Zeitgeist, el que se halle dirigido a desmitificar algunas concepciones que ya se dan por sentadas en nuestro mundo, que son aceptadas sin ninguna clase de crítica o cuestionamiento, llegando verdaderamente a compenetrarse y a conformar, junto con el inconsciente colectivo, una sola cosa. En particular, es harto sugerente la tesis de que las estructuras económicas imperantes utilizan el sistema monetario precisamente para deprimir la capacidad de la población de ajustarse a la realidad y de vivir bien. El sistema monetario crea ilusiones falsas: en la práctica, se inventa el dinero de la nada y con ello somete a la población a círculos inflacionarios inimaginados, a desastrosas crisis económicas y a la creencia pueril de que tiene dinero y de que puede comprar y hacer lo que quiera. La estrategia de los bancos, de los gobiernos y de las demás entidades financieras, es en extremo ingeniosa, mas no por ello bienintencionada: estos agentes harán siempre todo lo posible para que la cantidad de dinero que deba el público sea siempre mayor a la cantidad efectiva de dinero en circulación. Por cada depósito bancario, se crea una cantidad de nueve veces el valor depositado, cantidad irreal que asume la forma de un pasivo. Así las cosas, llegamos a comprobar que la deuda es uno de los instrumentos por excelencia para esclavizar a las sociedades, y los intereses su munición principal.
Pero los instrumentos de influencia y de especulación de índole económica, no son las únicas estratagemas utilizadas por los ideólogos y prácticos del sistema en el que nos desarrollamos. Cuando tales sombríos personajes encuentran reacción social a sus proyectos, o cuando otros pensadores han defendido con argumentos convincentes vías de acción alternativas, a aquellos no les queda otra opción que acudir a mecanismos poco diplomáticos, como la influencia política o inclusive la intervención armada en los asuntos internos de otros países y en las decisiones soberanas de sus pueblos. Ejemplos no faltan: el documental nos muestra los pertinaces derrocamientos del presidente iraní Mohammad Mosaddegh (1953), del mandatario guatemalteco Jacobo Arbenz (1954), del presidente ecuatoriano Jaime Roldós (1981) y del líder panameño Omar Torrijos (también en 1981). Se nos narra igualmente el intento de deposición, en 2002, de Hugo Chávez, Jefe de Estado venezolano elegido por la vía de las urnas, quien ha sido sometido a una multimillonaria y falaz campaña de desprestigio en su contra, con el claro cometido de desestabilizar su gobierno. En este punto, bien pudiéramos pasar a engrosar el repertorio de arbitrariedades con cientos de ejemplos más, pero baste con exponer el brutal asesinato del presidente chileno Salvador Allende Gossens, en 1973, directamente orquestado por la CIA, por la compañía internacional de telecomunicaciones ITT y por nada menos que Henry Kissinger, Premio Nobel de la Paz 1973.
En todos los puntos señalados mi parecer coincide con el prohijado por el filme de comentario; no obstante, quiero externar una ligera discrepancia en relación con otro de los aspectos que se mencionaron en la película. Se nos postula por los editores que el verdadero don que tenemos los seres humanos es la tecnología, que es precisamente el avance tecnológico lo que libera al ser humano y coadyuva al mejoramiento de su calidad de vida. Lógicamente mi objeción no se dirige de ningún modo a sostener que la sistematización de la ciencia y la tecnología no sea idónea para fortalecer la calidad de vida para el ser humano, defender ello sería en verdad un craso desatino. Pero para mí, el fin del ser humano es más trascendental, es el de alcanzar un estado de felicidad completa, de paz con todas las demás criaturas del mundo; y lograr llegar a ese estado es relativamente independiente del concreto desarrollo científico y tecnológico del mundo que nos rodea. Eso al menos es lo que pienso hoy.
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